En tierra (o mar) de hombres: la vida de una marina mercante

7 marzo, 2016 - 10 minutes read

Desde el 2013 que Sylvia Gallardo se embarca hacia distintos puertos del país, compartiendo su diario vivir sólo con hombres. Jamás ha sentido machismo de parte de sus compañeros, al contrario, dice que la admiran.

Segura y con una fuerza que asombra, aunque sin dejar de lado su femineidad; así se muestra Sylvia Gallardo (45), Piloto Regional de SAAM (perteneciente a la Asociación Nacional de Armadores), cada vez que habla de su trabajo en altamar. Cuando restan apenas tres días para que se celebre el Día Internacional de la Mujer, esta marina mercante nacida en El Belloto demuestra que no se achica por nada del mundo frente a una labor que todavía está dominada por los hombres.

Cualquiera podría pensar que ha tenido que sufrir el menosprecio de sus compañeros, a causa del machismo que aún se mentiene en muchos ambientes laborales del país, no sólo el suyo. Sin embargo, Sylvia dice sentirse una afortunada, ya que el resto de los tripulantes siempre la ha tratado como un trabajador más. “Yo venía con el prejuicio que podía costar que me recibieran, pero nada. Todos desde el primer momento fueron muy cordiales”, comenta. El buen ambiente laboral que existe en el buque se nota en la forma amable que Sylvia habla de sus compañeros marcantes. Compartiendo tantos días, y en ocasiones hasta meses, es imposible no pensar que pueda surgir alguna chispa de amor en altamar. Pero, esta quilpueína que aún se mantiene soltera, es tajante al hablar de las relaciones amorosas en su lugar de trabajo.

Para esta mujer que vive por el mar, mezclar lo profesional con lo sentimental no es una opción. “No conviene”, dice. Lo que sí tiene claro es que, a la hora de elegir la persona con la cual formará su hogar, tendrá en cuenta que no tenga su mismo trabajo. Asegura que espera “encontrar a alguien fuera de la carrera marítima para tener otro tipo de conversación. No me gusta llevar el trabajo a la casa”, dice entre risas.

No a la maternidad

En los noventa cuando Sylvia comenzó a estudiar su primera carrera, Comercio Exterior, habría sido visto como una rareza que con más de cuarenta años una mujer no haya sido madre. De hecho, incluso hoy sucede. Pero, a pesar de que todas sus ex compañeras de colegio y amigas ya se casaron y formaron un hogar, para esta marina mercante es una opción no tener hijos aún y dedicarse al ámbito profesional.

Aunque no descarta la posibilidad de casarse, comenta que sería complicado poder compatibilizar la vida en pareja y la maternidad con el trabajo que ella realiza. Por eso, alaba a las mujeres que logran darse el tiempo de cuidar a sus hijos y también rendir en el mundo laboral. “Yo no podría estar embarcada. Me ha tocado casos de compañeras mías que han preferido la maternidad y han dejado la carrera, por eso admiro a las mujeres que tienen hijos y trabajan. En este caso, yo priorizo mi carrera”, indica.

Sylvia tomó la desición de volcar su vida a lo estrictamente profesional, y aunque sabe que muchas mujeres podrían criticarla por esa opción, no se arrepiente. Sólo le interesa lo que su familia y amigos tengan que decirle.

De hecho, cuenta con orgullo que sus ex compañeras de colegio, “me dicen que están impresionadas de que yo esté embarcada sola, con puros hombres en un remolcador” y lo encuentran distinto. Que sea la única mujer y los hombres me acepten en el trabajo les pone contentas”.

Además de sus amigas, su núcleo familiar también es un apoyo constante para ella. Aunque el tiempo que debe estar trabajando en el Puerto de Ventanas o embarcada varía (ha estado desde cuatro días, hasta seis meses, cuando se trasladó a Punta Arenas), cada vez que tiene un momento libre, corre hasta su casa en El Belloto, a su refugio. También se da el tiempo de visitar a su padre en Playa Ancha.

El cariño materno que todavía no entrega a un hijo propio, lo vuelca hacia su pequeña sobrina, la hija de su hermano, que juno a su madre, la esperan en El Belloto. “Trato de aprovechar todo el tiempo posible con ellos, de regalonear a mi sobrina, jugar con ella. Eso me pone muy feliz”, asegura con un profundo amor fraternal.

Mar en las venas

Hoy, como Piloto Regional, esta mujer oriunda de El Belloto se encarga de distintas actividades en altamar y en el Puerto de Ventanas. Estas van desde actividades livianas, como trabajo administrativo, que consiste en revisar documentos como cartas o carpetas de navegación; hasta labores más extenuantes, como preocuparse del atraque o desatraque de buques, entre otras. “Nos toca el trabajo con los buques petroleros, de amarrarlos a la monoboyas y tracción”, agrega.

Estar encargada de labores como éstas, representa para Sylvia un verdadero orgullo y una suerte de homenaje para la historia familiar ligada al océano. Su abuelo fue Capitán de Altamar y su hermano es Primer Piloto, Oficial de la Marina Mercante.

Por eso, no es de extrañar la ligazón de ella con el océano. Desde niña vio como en las reuniones familiares y en la mesa se hablaba de las labores marítimas. La mujer asegura que “es por vocación que trabajo en esto, es de familia ser marina mercante. Se lleva en la sangre”, señala.

Planes

Ha logrado lo que muchas mujeres buscan y que pocas han conseguido: ganarse un espacio en un ambiente netamente masculino. Cada palabra suya demuestra el carácter atrevido y ambicioso de ella, por aspirar a seguir creciendo profesionalmente.

Actualmente piensa en continuar perfecccionándose para mantenerse a la par con sus compañeros hombres. “En lo posible me gustaría estar a la par con el capitán del remolcador, estar yo sola haciendo maniobras sin la supervisión de nadie, y eso lo estoy haciendo de a poco”, indica, al tiempo que aprovecha de agradecer la confianza que le han entregado en su entorno laboral.

Más mujeres

También esta quilpueína sueña con que la carrera marítima se desarrolle todavía más en Chile. Incluso, dice que aún no se han aprovechado todavía las cualidades del mar en nuestro país. Manifiesta que “falta información todavía, tenemos un país que está de norte a sur rodeado de costas y tenemos tan poca información de la carrera marítima y habría que partir por ahí”.

Asimismo, con su experiencia en altamar, no deja pasar la oportunidad de aconsejar a las mujeres a que se atrevan a incursionar en el mundo marítimo. Dice que le gustaría que de aquí a diez años, existan muchas más féminas en altamar. “Es una carrera bonita, interesante y con desafíos, porque es un desafío que uno se propone de estar trabajando en el mar. Me gustaría que las chicas se atrevan y averiguen y se acerquen a las universidades o institutos que la imparten, para que cada vez seamos más mujeres las que estemos en este trabajo tan lindo en el mar”, finaliza.

Fuente: La Estrella de Valparaíso